en la cascada desolación de la mirada sangrante, de los rayos desorientados en las hojas (aun) vivas.
miércoles, 8 de junio de 2005
Inocuo
Los pasos perdidos
en la cascada desolación de la mirada sangrante, de los rayos desorientados en las hojas (aun) vivas.
en la cascada desolación de la mirada sangrante, de los rayos desorientados en las hojas (aun) vivas.
miércoles, 6 de abril de 2005
Epílogo

(el futuro perdido de Marguerite Gauthier)
"La beauté n'est que la promesse du bonheur." (Stendhal)
Un almohadón manchado de tiempo
brillos distraídos o extintos
una música ahuecada
unos ojos vidriosos plagados de destellos
que aun reflejan pasadas glorias
que niegan su decadencia
que buscan sosiego en el cuarto oscuro
de terciopelo polvoriento
de cortinas agobiadas por resistir al sol
y al ruido urbano
que ataca el templo del olvido
que engulle los lujos encerrados
en esa mirada hacia atrás.
viernes, 4 de febrero de 2005
Point du Tout
la espera
Espina del mediodía flameando en los párpados
la colisión inevitable
tu anzuelo derramando sales
proclamando ausencias, doliendo quejidos
la mañana tejida desde la estructura abismal de la sordera humana
perpetua pe.ro.sen.si.ble
tus cuentas en mi pulsera, el número en rojo,
las tachuelas en la pared, papelito sin sello
Y los días
que miran, que tocan el absurdo de la
euforia por los siete soles, por las razones
que dio el señor que.
Para nada un punto de retorno
…..un punto de todo
…..un nodo con nada, una huella en la pared
…..una cicatriz que no sale, que molesta y arde
el surco de una uña en mi hombro
Tu miel en mi garganta
……………..en tu ……………..
……....mi…………...prosa…….
……………..vida………………
la soga que sube, mi cuello desnudo, tu miedo, mi arma, tu carta, mi escudo.
Tu aliento buscando un aliento prestado
mi lengua cantando a un amor raído
tu pulso desordenado, cada vez más bajo,
cada vez más lento
penoso, cansado
Tus dudas, mi alarma, mi grito, tu espanto.
martes, 28 de diciembre de 2004
souvenirs
'Los quería matar pero no los quería muertos'

El tacto mutilado
Se desvanecieron entre las paredes de la memoria, formaron ríos de sudor que la sequía asesinó. Dejaron surcos, se erosionaron, se enredaron; pretenciosos insistieron, mintieron, jugaron con las luces de colores inventadas, la falsa empatía. Congelaron los actos, agotaron los ahorros de sensibilidad, se apañaron, masticaron el reflejo de la realidad, solucionaron, pelearon, discutieron, fundieron el abismo y lo vistieron de kermés, destruyeron lo poco que por azar encontraron, pretendieron la salvación, creyeron en la reversibilidad, imaginaron finales perfectos, tuvieron miedo del ahora, de después, de contar el pasado, de mirarlo a los ojos, de quebrar la agonía permanente que gotea sobre la piel ya reseca, pecaron de soberbios, de infames, de eternos.
Invadieron desde su dominio, revolucionaron la casa, el alma, la ropa amontonada sin piel ni emoción. Juzgaron e hirieron. Luego sólo huyeron.

El tacto mutilado
Se desvanecieron entre las paredes de la memoria, formaron ríos de sudor que la sequía asesinó. Dejaron surcos, se erosionaron, se enredaron; pretenciosos insistieron, mintieron, jugaron con las luces de colores inventadas, la falsa empatía. Congelaron los actos, agotaron los ahorros de sensibilidad, se apañaron, masticaron el reflejo de la realidad, solucionaron, pelearon, discutieron, fundieron el abismo y lo vistieron de kermés, destruyeron lo poco que por azar encontraron, pretendieron la salvación, creyeron en la reversibilidad, imaginaron finales perfectos, tuvieron miedo del ahora, de después, de contar el pasado, de mirarlo a los ojos, de quebrar la agonía permanente que gotea sobre la piel ya reseca, pecaron de soberbios, de infames, de eternos.
Invadieron desde su dominio, revolucionaron la casa, el alma, la ropa amontonada sin piel ni emoción. Juzgaron e hirieron. Luego sólo huyeron.
Indecisión semántica
Destello aguado en el más superficial de los tonos.
No decepción, nada perdido, ninguna esperanza derrotada y manchada de sangre en el cordón de la vereda. Ni siquiera un día con demasiada sombra.
Sólo un destello aguado y una música tenue -pero morbosa- que trepa a los ojos y desata su furia condensada. Sólo un vestigio de lo que nunca quise ser ni fui.
Una falsa nostalgia.
La impalpable idea de que me parezca extraño que no vengas a molestarme, a consolarme. La miserable espina de no conocerte.
La voraz certeza de que no soy del todo… esa parcialidad
que soy
por mucho que duela, por mucho que decepcione. Decepción. Eso.
No decepción, nada perdido, ninguna esperanza derrotada y manchada de sangre en el cordón de la vereda. Ni siquiera un día con demasiada sombra.
Sólo un destello aguado y una música tenue -pero morbosa- que trepa a los ojos y desata su furia condensada. Sólo un vestigio de lo que nunca quise ser ni fui.
Una falsa nostalgia.
La impalpable idea de que me parezca extraño que no vengas a molestarme, a consolarme. La miserable espina de no conocerte.
La voraz certeza de que no soy del todo… esa parcialidad
que soy
por mucho que duela, por mucho que decepcione. Decepción. Eso.
Demacradas destrucciones

Incontinencia del tiempo
Casi la misma canción. Un sonido gastado que recorre oídos atrofiados. El sol en la frente y nada efectivo el cristal azul. La mano aun hace sombra sobre la tinta. Mi tinta llena de sombra oscurece un papel que habría merecido mejor final. Todos han merecido mejores finales: la justicia poética es una quimera pretenciosa que no conoce más diversión que la histeria y se contenta con cursilerías y finales felices.
Quién me sacará los zapatos cuando me duerma. Y esta mancha llena de sol que me quema la cadera. Quién vendrá a romperme los pameos, a destrozar la coraza de tristeza que sigue fortaleciéndose. Quién te acariciará mientras dormís –Girondo no debería permitir que lo plagie en un papel diminuto, amarillo y viejo, en una silla caliente de un café enorme y repleto de nadie-. Pero nadie termina como debe. Vos, por ejemplo. Quién mirará tus párpados como si no fueran obstáculo para hablarle a tus ojos. Y no, cuidado, no confundir esta desesperación con pena, con lástima. Nunca me has dado pena y debería disculparme, decir que usted sabe, la catarsis, los etcéteras. Es mentira y poco importa. Las explicaciones no sirven más que para murmullo de conventillo.
Tu desierto y mi sangre no sirven más que de divertimento porque, verás, la justicia poética tiende al sarcasmo y a lo tétrico.
Quién mirará por sobre mi hombro para decirme que no puedo cruzar.
La costumbre se resiste a los cambios. La costumbre se adapta a los cambios. Nada más que por costumbre te regalaría lágrimas, sacrificios, si de algo sirvieran. A quién me acostumbraré, a quién nos resistiremos. Un final es sólo la transición, el camino hacia otro final que es sólo una excusa.
A quién le diremos que es indispensable, para tratar de creerlo, para creer que lo creíamos antes de decirlo.
domingo, 12 de septiembre de 2004
« la terreur de ce néant inévitable,
détruisant toutes les existences »
Maupassant
I
Cómo el ahogo detrás de los párpados
la inundación, la quimera asfixiada
cómo la comprensión de los relojes
en celeste derretido
en colectivo de media tarde
cómo la renuncia indeclinable del ser
el morbo del despertador levantando a la aurora
las ojeras azules del bisturí urbano
cómo el hallazgo, el silencio
las alas de cartón de la cobardía, los crisantemos
en mi entierro, las lágrimas dolidas que nadie derramará.
II
Destierros donde
duda la búsqueda, busca la duda
ausente herida doliente
cicatriz sin daga
destino consciente de la nada.
Silencio inconcebible, anhelo decepcionado
desilusión tiritante bajo cada suela
en cada terremoto
III
Ni siquiera una espina para sentir.
détruisant toutes les existences »
Maupassant
I
Cómo el ahogo detrás de los párpados
la inundación, la quimera asfixiada
cómo la comprensión de los relojes
en celeste derretido
en colectivo de media tarde
cómo la renuncia indeclinable del ser
el morbo del despertador levantando a la aurora
las ojeras azules del bisturí urbano
cómo el hallazgo, el silencio
las alas de cartón de la cobardía, los crisantemos
en mi entierro, las lágrimas dolidas que nadie derramará.
II
Destierros donde
duda la búsqueda, busca la duda
ausente herida doliente
cicatriz sin daga
destino consciente de la nada.
Silencio inconcebible, anhelo decepcionado
desilusión tiritante bajo cada suela
en cada terremoto
III
Ni siquiera una espina para sentir.
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